L’anònima història aragonesa del pontificat d’Alexandre VI relata, entre els fets d’abril i maig de 1498, la captura i mort de fra Girolamo Savonarola, condemnat per la sentència d’un procés dut pel lleidatà Francesc Remolins per comissió del papa Alexandre VI. L’historiador fa un dur al·legat contra el dominic –a qui considera natural de Bolonya–, bo i recollint les acusacions dels arrabiati, oposats a les reformes religioses i socials proposades pel frare i escenificades a Florència amb el suport de l’antic gonfaloniere Francesco Valori i els piagnoni: Savonarola és tractat d’heretge, se l’acusa de conspirar contra el papa amb les potències europees i se’n desemmascara el pretès do de profecia, identificat amb un abús del secret de confessió que s’exemplifica amb una anècdota. En el context de la història aragonesa, probablement l’atac més dur que l’autor pot imaginar és comparar-lo amb una de les seves bèsties negres, el grup d’observants franciscans que pul·lulen a la cort dels Reis Catòlics.
{289} Cómo dentro Florencia con sentencia pública cremaron a frayres observantes, y las muertes que por ellos y en otra manera se seguieron en la ciudat, todo mucho complido.
Zelo de la fe santa truxo en muchos algunos errores, y esto por falsa doctrinas de ímprobros e simulados prophetas, de donde empués havieron naxença infinitos males e tomaron fundamientos de verdaderas e sanctas obras. Achaescióse que lunes, a setze d’abril de novanta ocho anyos, de la ciudat de Florencia venieron cartas a la sanctedat del summo pontíffice cómo en aquella ciudat fue tomado y apresonado aquel predicador frayre observante del orden dominico nombrado fra Jherónimo,[1] con su hermano e otros[2] [394] frayres. Esti Jherónimo, frayre dominico, con sus predicaciones y la grande eloqüencia que tenía seduxo el pópulo por fama que en Roma fue puesta en algunos errores contra la fe cathólica, de la qual es fundamiento el summo pontíffice, summo vicario de Christo. Dezía en la pérgola o trona que tenía revelaciones divinas y que Dios fablava con él todas noches e todos días. Su hermano con otros frayres huyían muchas confessiones y empués divulgávanlas[3] a él. Esti predicador dezía cosas mirables del vivir de muchas gentes, criminando en general a tantos, era cosa stupenda.
Acahescióse, y fue principio del caso a punir a él y a otros frayres y ahun a otras muertes en hombres secculares del mundo que por causa suya se seguieron, que el común de la ciudat de Florencia, passando grande necessidat por la guerra strecha que tenía contra pisanos e genoeses e otros, con trebaxo havía algunas subvenciones de los ciudadinos. Y entre los otros seyendo hun ciudadino, el qual tenía la muxer joven, ella se fue a confessar del frayre hermano d’aquel qui predichava; e interrogada por él, dixo cómo su marido tenía X mil duchados comptantes. Refferida empués la confessión, accusava él con parablas generales en la trona a muchos que tenían peccunias e non querían subvenir la república puesta en tanta necessidat. En tanto que hun día esti frayre Jherónimo, descaradamente, sinse ninguna temperancia, dixo al ciudadino marido de la dona joven cómo no subvenía al común, qui stava necessitado; respuso él que no tenía de qué lo podiesse fazer; dixo el frayre: «Yo sé que tenéys X mil ducados comptantes», e signifficóle el lugar; fuele denegado, e reinterrogólo súbito cómo lo sabía; el frayre dixo: «Dios me lo ha dicho». Stuvo mucho maravillado esti [394v] ciudadino assaz astuto, y pensando en el caso dixo a su muxer, qui sabía de los dineros y del lugar, si s’era confessada; ella respuso que sí, con el frayre hermano del Jherónimo; si havía dicho de los dineros, ella que sí, porque fue interrogada por el confessor. Passados algunos días, fue dada fama en Roma que’l marido mató a su muxer, y empués l’ermano d’ella mató al marido. Esta fama empués algunos la quisieron enfosquescer, qui eran en oppinión mucho sequaços a esti frayre Jherónimo.
Posavan estos frayres hermanos en casa d’un micer Francisco,[4] ciudadino potente, el qual tirava por levantarse senyor y con tirannía haviesse la senyoría. Su casa era mucho ampla e grande, y tenía en ella más de CCCC hombres armados, tomava color e fundamiento por reçelo de la guerra, y por la ciudat muchos pópulos stavan seductos a su oppinión. El concejo, haviendo sentimiento del trato elato que tenía micer Francisquo, no hosó tomarlo en su casa por dubdo de insulto por la gente armada. Mandó por él que fuesse al domo, casa del concejo; y dando camino, y fueron hombres elatos secretos que en la vía le dieron punyaladas y lo mataron. El crido fue puesto cómo era muerto micer Francisco. El concejo fue a la casa. La gente qui stava armada se apartó. Los frayres fuyeron a su monasterio. Estos del concejo se fizieron dos partes: la una combatió el monasterio por más de seys horas; affirmóse en Roma morieron en esti combate encima de vinte hombres. Finalmente fueron havidos el Jherónimo, qui predichava, con su hermano e dos otros qui confessavan, y puestos en el cárcer secular, adonde non tuvo el dicho fray Jherónimo, ni los otros, revelaciones ni Dios le venía a fablar, stava affazendado en otras cosas mayores. La otra parte del concejo de la [ciudat] qui quedó en la casa del micer [395] Francisco degolló a la muxer e sus fijos. Por quanto el marido havía comeso crimen lese magestatis, fue aplicada la casa con los bienes a los coffres de la senyoría. Trebaxóse por sentir qui sabía en la conjuración con el dicho micer Francisco, qui presumió fazer e levantarse senyor; no s’i pudo entrar.
El dicho frayre Jherónimo en muchas predicaciones fablava mucho descaradamente y desonesta de la sanctedat del summo pontíffice que su sanctedat «non erat verus pontiffex» y cosas otras inormíssimas y detestables en demasía; y como venisse en noticia de su beatitud, fue excomunicado auctoritate appostolica, y non solamente él, mas quien huyesse sus predicaciones. Esti frayre non tenía censuras y en las tronas tomava hun cruciffixo, animando a los pueblos que no curassen de las excomunicaciones, que aquel Dios los absolvía, en grande menosprecio del papa y de la sancta sede appostólica. Esti frayre Jherónimo fue hun otro pseudo grande herético, truxo el pópulo quasi a adorarlo, ninguno le hosava contradezir ni del mal fablar ni mal judicarlo; dormía en tierra, andava scalço, no comía carne, no bevía vino, si sçeladamente non lo fiziesse. Siempre que predichava, usando de sus muchas ypocresías, tenía a su costado el cruciffixo y dezía: «Si yo no digo verdat, esti Senyor —asenyalando el cruciffixo— no dize verdat; si la digo, esti me lo faze dezir». Siempre allegava en testimonio el cruciffixo, y por medio de las confessiones publicava, revelava, tochava a tantos en la consciencia, induxo a más de CC de los principales de Florencia a tomar l’ábito. Era mucha maravilla. Tenía que entender con est[a ficta] sanctimonia e ypocresía [observantina] con emperador, [reyes] de christianos; todo esto fazía contra’l [papa] si lo podiera fazer [395v] privar.
La sanctedat del summo senyor Alexandro mandó allá hun doctor natural cathalán, de la ciudat de Lérida, nombrado micer Francisco Remolins, el qual, con comissión de su sanctedat, recensitó el processo que los florentines le fizieron y de otras muchas infidelidades y de la inobediencia contra el pontíffice que y aplichó, con la ypocresía y mal christianismo y el revelar de las confessiones. Fue judicado esti frayre Jherónimo con los otros por heréticos. Y assín miércoles, a vint e tres de mayo de mil quatrozientos novanta ocho anyos, dentro la ciudat de Florencia fueron públicamente quemados estos dos hermanos con otros dos frayres qui huýan e revelavan las confessiones, de manera que morieron vituperosamente.[5] A muchos plugo estas muertes, a otros no, antes echavan famas que con invidia los havían muertos.
Estos dos frayres hermanos fueron naturales de la ciudat de Bolonya, y eran en sus cosas quasi consemblantes a aquellos ypócritas menores fictos e malos hombres observantinos, qui en sti fortunado tiempo tienen seducta en las partes d’Espanya toda aquella provincia. ¡Qué demostraciones fazen las gentes en estos tiempos e días! Sea loado nuestro senyor Dios para siempre, que grande piedat es veyer e huýr estas cosas en opprobrio del christianismo.
[4] Francesco Valori (1439-1498), antic gonfaloniere de justícia de Florència, cap dels piagnoni o seguidors de Savonarola.
[5] Els frares executats amb Savonarola van ser Domenico Buonvicini i Silvestro Maruffi. En canvi, el seu germà Maurelio, també dominic del convent de San Marco, serà condemnat a l’exili.