:: Maria TOLDRÀ ::
La prematura i inesperada mort del príncep Joan d’Aragó, fill i hereu dels Reis Catòlics, l’octubre de 1497 a Salamanca, pocs mesos després del seu casament amb Margarida d’Àustria, filla de l’emperador Maximilià, dona peu a l’autor de la història aragonesa del pontificat d’Alexandre VI a inserir un llarg discurs que reflecteix el ressò obtingut per la notícia a les dues penínsules.
El capítol corresponent s’obre amb un plany retòric en què l’anònim increpa la Mort. Tot seguit es passa a desenvolupar l’argument principal: la mort de Joan és un càstig diví a la política religiosa del seu pare, el rei Ferran, idea que es repeteix en una frase que obre i tanca el discurs («multociens propter peccata parentum filii moriuntur») i que aquí funciona com una premissa particular al costat de la més general «vivit, ergo morietur». El punt de partida, doncs, contrasta radicalment amb el relat oficial de la literatura produïda a l’entorn reial sobre el mateix fet. L’autor de la història acusa Ferran d’apoderar-se de béns eclesiàstics —un retret usual al seu pare Joan II durant la guerra civil, que l’autor aplica a dos dels seus contrincants: el conestable Pere de Portugal i el duc Joan de Lorena— i de donar suport als observants en la reforma dels ordes, per influència de la seva esposa, Isabel de Castella. Tot plegat desemboca en una queixa sobre les conseqüències que la mort de Joan i la política de Ferran tindran en els territoris de la Corona d’Aragó, amb els aragonesos i els catalans novament presentats com a víctimes de les pretensions del monarca i de Castella d’acabar amb les seves llibertats i privilegis —un dels leitmotiv de l’obra—, malgrat la fidelitat demostrada reiteradament per aquells al llarg de la història del casal d’Aragó (cap. 294).
{281} Cómo posa la muerte del príncipe real, fixo primogénito de la magestat del senyor rey d’Aragón, con otras cosas mucho dolorosamente, con todo complimiento, para notar e contemplarlo todo, con las exequias, cosa mucho digna.
Forçado de mucho dolor por la muerte impiadosa d’aquel príncipe don Joan, del muy alto senyor el senyor don Ferrando, rey grande el d’Aragón y de Castilla, illustríssimo primogénito, el qual, permittente la divina Magestat, fenesció sus días en la ciudat de Salamancha, a cinquo de octobre del nascimiento de nuestro senyor Dios Jesuchristo mil quatrozientos novanta siete anyos, truxo incomparable terror en mis hoýdos quando pensé a quánta mudança de senyorío los regnos s’esperavan venir por esta muerte, e dende allí mi fue representado grande error venidero en nuestro Aragón, con sus regnos, por seyer regidos por gloriosos reyes, invidia del mundo, s’es-[384v]forçó perder l’orden glorioso y verdadero drecho de natura y posteridat real masculina. Por ende esti morir forçado de la patria aragonesa, cabeça en fealdat a los regnos d’Espanya, causó en mí tanta fuerça que muchas vezes a tristos e graves suspiros truxo mi entendimiento y el que peor en mí fue: non solamente el fablar me quitó, mas todo otro pensamiento gracioso, fuera d’esti senyor, en mí no huvo lugar. Y assín tremolosa la mano d’esti sobergo quasi planto fat’aquí no hosó tomar la pluma, y l’entendimiento se maravillava, y a los pensamientos vida fastidiosa mostravan, e ningún plazer, ningún veyer, ningún huýr, ningún otro solacio humano mi plugo. Mas seguiendo la oppinión de los más tristes, los plantos, las recordanças de las fortunas venideras, temoroso de la vida, el mucho scilencio, miserablemente e trista usé como fazen aquellos que por mucho entrenyoro fueron a mucha tristeza convidados; agora la pena fue fecha grande, l’entrenyoro mayor y el planyer tanto áspero e fuerte que esti mi penado spíritu queda vexado de tantos enoxos como fue oýr d’esti senyor que la spantable muerte lo tomó. Ciertamente me fueron representadas spessamente en la memoria cosas dignas de mucho grande planto, quando vi que Aragón con sus regnos haviesse perdido hun príncipe mucho amable y en qui las virtudes todas por tiempo havieran fecho firme e verdadera habitación. Perdió una cabeça de la comuna república y quedó con sus miembros tanto afflaquescido por esta muerte que non fallé remedio con que satisfacción haver podiesse. ¡O tú, muerte impiadosa! ¿Cómo non te [recordavas] d’esti senyor [tanto] joven [fizo] grande cassamiento con dona [385] Margarita, aquella fixa del rey de romanos el grande Maximiano, emperador d’Alamanya, tanto honroso para su real condición y consumido, e no haviendo hun anyo, ella seyendo prenyada, tú lo tomaste y ella empués su muerte ahun dio su fruyto humano sinse spíritu y lo mataste? Ciertamente bien eres cruel ynimigua, matadora çiegua e dura persequitadora. La vida d’esti príncipe real, primogénito de su grande alteza, era tanto necessaria para todos y fuesse conservada para luenga edat, que en sus días de XVIIIIº anyos, tres meses e días nueve l’occupaste. Queda oy por peccados la patria aragonesa con cathalana e otra d’ellos por ti, o spantable muerte, vidua, la qual miro muy claramente ha perdido el que jamás cobrar spera. Tú, o muerte, si piedat hoviesses, tu sentencia mirada, tantos desórdenes, abusos con danyos que de tú s’esperan, piedosamente havieras suspensa tu exequción e por algún tiempo fuera comportada la vida d’esti senyor; mas figurásteme argumento insoluble: «Vivit, ergo morietur» y «multociens propter peccata parentum filii moriuntur».
Havemos visto el noto desorden que en corte romana es mucho vulgado: tanto dissolutamente la magestat preffata —salva la reverencia de su real magestat— haver puestas con grande sevicia las manos en los templos divinos por haver peccunias, tanto en décimas freqüentadas como en tomarse elemosinas pías y devotas y forçar los ecclesiásticos, ultra las décimas, en paguar sisas impuestas encima los pópulos tanto gravados, y a tomar breviarios e otros libros, ahunque de aquellos toviessen complidamente, por tormentarlos, y extorquir peccunias [seccamente] y fuera [demás?] con rapinas impiíssimas entrar [en otras] como lámpadas, [385v] pías confrayrías, en casar huérfanas, ninyos para aiudarlos en sus studios, missas votivas e cotidianas e otras caritativas ahun ordinaciones, con color de cruzadas usurparlas; y en los monasterios, tanto de hombres como de muxeres, con otro color simulado de sanctimonia de sus muchos abusos de refformar a ellos y a ellas, tomárseles mucho rapinosamente, mayormente a ellas, indeffensas sinse spíritu e fuerça, las ropas, rendas e cosas preciosas paternas y traherlas a extrema pobreza, que muchos padres, non podiendo segunt su condición e grado collocarlas en el temporal, pusiéronlas con sus substancias, defformando sus patrimonios e naturas, en los monasterios sacros, y havieron más por bueno recludirlas y viviessen allí que non si andassen turpíssimamente meretricando y los hombres adulterando; y ellos empués muchos se daron en maravillosas e grandes sciencias en acrescentamiento e confirmación de la fe sancta cathólica, y ahun d’ellas hi huvo que fueron de sancta, honesta e loable vida.
Los padres primeros, sanctos hombres fundadores e instituydores d’estas sanctas casas, havieron respecto non solamente al servicio divino, qui fue el principal, mas ahun por reffugio de las vidas humanas, y fizieron unos claustrales o conventuales, otros observantes. Agora vehemos son stados opprobriosamente e mucho iniqua persequitados y robados, todo instando e procurando con grande invidia, grande ypocresía estos observantinos; con cuellos tuertos e apparencias de muchas sanctimonias, entraron por las casas del rey e reyna, adonde abusivamente sembraron los preditos grandes e otros errores. En el tractamiento que s’es fecho se mostró hi fueron más por la ropa que non por zelo divino, de donde fue visto tanto d’ellos como d’ellas seyer fechos públicos ynimigos de Christo y haver renegado la fe sancta, unos en Barbaría o Áffriqua, otros en Turquía; [386] otros d’ellos y d’ellas de famoso y honesto linatge, desesperados de las grandes sobras e non podiendo tolerarlas, por Ytalia, Francia, Alamanya e otras partes de christianos e ahun del mundo andar apostatando, meretricando turpíssimamente en mayor opprobrio de la fe sancta christiana. En la companyía de Christo, entre dotze discípulos uno d’ellos fue malo, aquel huvo su digna punición en particular, pues non fue digno todos peresciessen: no es maravilla hi haya de buenos y de malos en tanto grandes congregaciones e aiustos. D’estos religiosos castigar, retraher los qui malos y desonestos en particular eran, fuera stado o quánto bueno, justo, sancto, mas no en general con tanta severidat e cruel y de mal exemplo. Y cosa piíssima fue, queda por cierto mucho mordichado su magestat.
Y dexando las antiguas ystorias que amplamente narraron la verdat d’esti abuso, vimos en estos tiempos non mucho passados don Pedro, fixo de infante de Portugal, qui en tanta turbídine a la patria cathalana seguido, fue obedescido por rey en Barcelona por seyer del extirpe d’aquel don Jayme, comde d’Urgel, de línea verdadera masculina d’Aragón, de la qual fue apartado por su crimen e noto desorden. Y empués el duque Joan, fixo de don Renato senyor de la Prohencia, del verdadero y mesmo sangre d’aquel don Joan, sereníssimo rey d’Aragón, primero en su nombre, ahun en aquella ciudat, por poner desordenadamente entramos las manos en los templos divinos y en las personas e cosas ecclesiástichas se creyó lasoras fueron breves sus días. Otros tantos antiguos reyes e príncipes d’esti desorden, entre los quales recitaré uno de Nápoles nombrado […][1] que se lo comieron pioxos, ningún remedio de medecina ni otras deffensiones pudo haver, permittente nuestro senyor Dios, turpíssimamente todos y otros morieron por estas tantas tirannías. Agora no hosan las gentes secculares con testamento ni en otra manera de lo suyo ordenar.
Quiso comptar las [385v] pilas del babtismo, tomó inventario de l’argente o plata, oro e joyas de los templos divinos, que —salva la reverencia de su real magestat— fue muy mal consexado. Las fábricas de devoción en los templos sagrados, con devociones otros, segunt desuso fue dicho, çessaron. Todo se tomava con color simulado de bien. Fueron las obras con pensamientos mucho péssimos fata poner las manos, sinse temença ni respecto ninguno divino, en las distribuciones cotidianas y vestuarios. Y vivieron ellos hi ellas, ahun del orden de Sant Pedro, quasi a non poder vivir y cerrar muchas perrochias foranas y rurales y çessar el culto divino. En todo vivir usó con abuso desordenado como en Castilla; quiso traher sus proprios regnos paternos con los pópulos de aquellos, qui son e fueron siempre mucho differenciados en los costumbres e todo vivir honesto a los castellanos, y romper la fe con juramento real de servarles libertades, privilegios, observanças e leyes civiles gloriosas por su magestat y sus mayores passados fechas, prestadas e atorgadas, e a las principales ciudades çeguarlas de todas preheminencias e políticho regimiento. Affirmaron muchos que en tiempo de Sixto papa quarto, consexado, persuadido y perturbado iniquíssimamente, offresció quatro mil ducados por seyer abilitado, pretendiendo qu’estas libertades, las quales fueron falladas por confirmación e perpetuydat de la fealdat, buen regimiento de la república aragonesa de sus regnos e senyoríos paternos, attendida la sequedat y magreza de la tierra, eran contra bonos mores. Su sanctedat, summo theólogo, recusó fazerlo diziendo que si contra bonos mores erant, no tenía el juramento y podía fazer líberamente a su arbitrio el que quisiesse; si no eran contra, quería primeramente que fuessen llamadas las tierras e regnos d’Aragón e, hoýdas sus deffensiones, ministraría justicia a entramas las partes. Empués esti pontíffice muerto, de Innocencio octavo, precio apreciado, obtuvo la abilitación con remissión del juramento mucho cruelmente. Empués rompió estas libertades con preheminencias guanyadas con premio de sangre, [387] notorio e mucho público fue qual rey d’Aragón a sus pópulos e vassallos y a las sanctas ecclesias con ecclesiásticos, de los quales tantos honores e servicios huvo su magestat y los suyos, mas impiíssimamente e sinse misericordia tractó, privándolos ahun de todo recurso, patrocinio e remedio de justicia que su alteza fizo. Perturbó al sancto padre, summo júdice terreno, y officiales de corte de Roma de toda misericordia. Quiso Dios omnipotente en aquel tiempo al ynimigo de natura humana non sólo hoýr y veyer su deffallimiento, mas ahun su deffensión. Oy los pópulos tanto secculares como ecclesiásticos no son ni su magestat les da huýdo ni permitte que’l summo pontíffice lo fagua, como en esti tiempo vehemos, si como a leales exposaron sus vidas con proprias fortunas por sus reyes passados en tantas maravillosas conquistas e batallas y ahun por su alteza en sus tantas calamidades cathalanas, con scampamiento del proprio sangre moriendo en campo, con perdición de los bienes por l’amor y deffensión de su magestat y de los suyos antipassados, de donde merescieron possedir libertades y seyer senyores de lo suyo, como antiguamente fueron por el buen meresçimiento d’ellos. Las ystorias aragonesas abundantemente e gloriosa d’ello fablaron y piedosamente fueron plenas; se puede veyer. Vehemos agora miserablemente que su magestat, inmemor d’esta tanta justicia con fealdat e amor aragonesa, severamente —repetido su honor e reverencia— se dio a tanto straguo como a ynimigos; non sólo veyer, mas huýr esti mal tractamiento fue de grande manzilla. Quisieron scusar algunos que estas rapinas, extorsiones con mal tractamiento, non venían de la mente de su magestat sino por importunidat e sucgestión de la reyna, con abuso y error simulado de invidia de Castilla y d’estos ypócritas observantes. Ora como quiera que venissen como a partícipes a entramos, se creye por tanto desorden miraculosamente tochó nuestro senyor Dios en la más cara cosa que toviessen y amassen comuna a entramos, que en Salamancha ninguno pestíffero morió sino aquel único [387v] fixo másculo. Cosa divina e miraculosa fue, pues su magestat non se recordava d’aquel caso de Loxa, adonde en campo los cavalleros castellanos lo dexaron, el que nuncha se falló en los aragoneses, y los moros lo cuydaron matar; del otro caso de Málegua, entrando otro moro dentro la tienda, pensó a sus magestades entramas haver muertos; y en Barcelona, ciudat fidelíssima e mucho devota en l’amor e vida de su alteza, aquella naffra que huvo de mano d’aquel innoçente,[2] el qual fizo e non supo, que le pensó tallar el cuello. En tantas maneras Dios lo tochava, su vida no com[utó][3] en mexor. Otro tiempo permittió nuestro senyor Dios, por las grandes ingratitúdines e vanos pensamientos de los reyes e senyores, morir ellos scuramente sinse prole y mudar los regimientos con las gentes de los regnos d’una mano en otra y hun pueblo d’un regno en otro, por non conoscer la gracia que Dios le fazía. Non fue crimen, por pequenyo que fuesse, en esti tiempo que seccamente non pusiessen las manos por rapinar y haver peccunias. Esti abuso, su magestat non lo huvo de sus mayores antigos d’Aragón, reyes piedosíssimos, caritativos, humaníssimos, mas húvolo de la invidia con desorden d’aquella tierra, con regnos e pópulos desordenados, llenos de superbia, sinse honesto vivir del mundo. ¡Quánto fuera cosa sancta a estos observantes, turbadores del bueno y causa del malicioso vivir, y ahun claustrales o conventuales y a ellas, çerrarles las puertas reales y recludirlos a todos en sus claustras y la punición a sus mayores seyer remetidos en su magestat, haver castigados los falsos e malos christianos, aquellos qui dignos de tanta punición fueron, en haver echados los judíos y si continúa en punir los sedomittas, en haver conquistados los moros de Granata, en haverse tomados los órdines milittares Sant Yago, Alcántara, Calatrava, que davan tantas afflictiones con scándalos a los regnos de Castilla con su rey! ¡O quánto sea loado Dios! Por su merçé le placia [388] conservar la salut a su alteza, con ymienda de la vida e buen tractamiento de sus paternos regnos y ahun otros. Y piense: «Si vivit, ergo morietur» y «propter peccata parentum multociens filii moriuntur».
El padre sancto, el qual por la vía de Francia, a dotze de noviembre, primero huvo la nueva d’esta muerte, empués prepuso fazerle exequias honradamente: que, segunt la condición d’esti real príncipe, mandó miércoles, a dotze de janero de mil quatrozientos novanta ocho anyos, convocar dentro el palacio appostólico todos los cardinales, patriarchas, arcebispos, obispos y otros en dignidat puestos número copioso, milittares ahun famosos e otros d’esta urbe romana, y en la grande capilla papal mucho sollepnemente le fizo la fiesta de la fúnere con grande sollempnidat; no y huvo capel ardiente, mas en las otras cosas fue mucho complidamente. Empués de su sanctedat, martes, a XVIº del mes e anyo preditos, dentro la ecclesia de Sant Yago de los Spanyoles de Roma fue fecho mucho grande aparato en la forma e manera seguientes: aparexadas cosas insignes e mucho magnífficas pertenescientes a semexante fiesta, fueron cabo el altar mayor e principal de la ecclesia puestos palios d’oro maravillosos, y en los extremos las armas reales de los regnos, y esto mucho magnífficamente e pomposa. Con altas vozes el officio de deffunctis en manera mucho piedosa celebró e dixo la missa l’obispo de Cartagena, buen prelado de natura castellana; fue compuesto en medio la ecclesia capel ardiente, alto, grande e mucho pomposo, bien por cierto pertenesciente a persona tanto real. Fueron allí convidados e congregados quasi todos los cardinales e otros grandes prelados y en dignidat puestos número grande, y fue bueno; e fueron, más, embaxadores: primero del grande emperador y empués d’Espanya, el cardinal Sancta + Cruz, obispo de Cartagena, y aquel Garci-[388v]lasso de la Vegua, devoto mucho al rey e reyna en Castilla, otro ahun embaxador del rey de Nápoles y de la reyna de Hungaria, del rey de Portugal, del rey d’Anglia y de muchas otras potentades ytálichas, e ahun senyores e senyorías de christianos. Todo fue muy buena e loable cosa quanto a la pompa mundana, por cierto con mucho complimiento e grande guasto todo fue fecho.
Notes
[1] Espai en blanc al ms.
[2] Joan de Canyamars (1492).
[3] su vida no com[utó]: al marge dret.